sábado, 28 de febrero de 2009

Mi affaire con Watchmen

Aviso importante: Este post se acaba de mudar al blog colectivo al que fui invitado a participar. Échenle un ojito, está muy bueno, horas y horas de sana diversión. A mis cinco lectores, no se preocupen, seguiré dándole por aquí. No extrañarán mis agudos comentarios.

lunes, 23 de febrero de 2009

Lunes en casa

Este fin de semana sufrí una infección en mi ojo derecho que me tuvo medio inutilizado. Así que vi los Oscares a medias, con hartas lagañas y nubes en el ojo. Estos estragos me vieron obligado a quedarme el lunes en casa y descubrí varias cosas:

1. La televisión matutina (como de 10 a 1 de la tarde) es una mierda.
2. El día se me pasa volando (y eso que mis pequeños monstruos se comportan como monstruos).
3. Al parecer, hago mucha falta en la chamba (je je).
4. Te baja mucho el estrés nada más el hecho de no tener que cruzar la ciudad (aunque a lo mejor es porque no me tuve que subir a una pesera del infierno).
5. El hecho de que tengas un ojo madreado suele ser tomado a chacota, no es como cuando dices que tienes gripa o fiebre. Es como cuando en la oficina dices que tienes cruda, en lugar de despertar conmiseración, la gente se burla. No hay bronca, sólo estoy señalando el detalle.
6. No hay tanto movimiento en el Facebook como yo creía ¿será que a la gente ya le gusta trabajar? No lo sabía porque en la oficina tengo restringidas las “Social Networking”. Irónico, por cierto, ya que trabajo en una empresa de comunicaciones.
7. Con todo, no me dio tiempo de leer un rato, ni de ver una película (porque mi ojo ya está mejor por cierto, gracias).
8. Que los amiguitos de mis hijos, los que viven por aquí, son una monserga, se la pasan tocando la puerta toda la pinche tarde.
9. Que no es el stress del trabajo lo que me hace odiar el Soriana. Realmente lo odio, es el peor de todos los supermercados; me hacen extrañar Gigante, que ya es decir.
10. Que me faltan hartos comics por leer. Tengo pendiente desde unos Marvel, unas ediciones de Dracula de Topps Comics y hasta algo de Neil Gaiman por ahí.
11. Que el mundo funcionaría mejor si todos pudieran tener un día extra de descanso de vez en cuando.

En fin, gracias por el desahogo y prometo postear asuntos menos personales en la próxima entrega.

domingo, 8 de febrero de 2009

Odio a los (dueños de) perros

Hace un par de años conocí a una de las faunas más ¿peligrosas? del género humano: los propietarios de perros. Mi familia y yo solíamos sacar a pasear a nuestra mascota unas tres veces al día, en muchas ocasiones yo lo hacía sólo. Aprovechaba esos momentos para pensar y en ocasiones me divertía viendo lo que hacía la perra Alubia, que era bastante bruta aunque tenía su carisma (ya contaré su historia completa en otro momento).
El caso es que al sacarla a pasear no me imaginé que iba a entrar en contacto con otros dueños de perros que viven por mi casa, que también es la de ustedes. Podríamos dividirlos en varias categorías:

1. El machín. Normalmente es un individuo que saca a pasear a un perrazo que se ve más fuerte que él, atado con arnés y toda la cosa. Cuando dicho animalón se acercaba a mi mascota (o viceversa) solían decir con risita irónica y cara de autosuficiencia “¿Es perrita, verdad?” Suelen basar su poderío económico o de dominio según es el tamaño del perro y su pene (el del perro, no el de ellos).
2. Los sociables. Pueden ser de cualquier sexo y edad, normalmente llegan a ti con su perro y pretenden saber cómo se llama el tuyo, qué le das de comer, etc. Acto seguido viene una retahíla de consejos que van desde lo que le puedes dar de comer (un huevo diario, en serio), hasta cómo cuidarle el cabello, anécdotas de su perro, etc. etc. Hay una línea muy delgada entre esta categoría y la que le sigue.
3. Las cursis. Mujeres de edad madura pa’arriba que tienen perritos falderos maleducados. Había uno en especial que cuando se topaba con Alubia no cesaba de acosarla en actitud jareosa, mientras tanto su dueña me bombardeaba con: “Ay, tu perra es su novia”, “¿Qué bonito, no?” “Ay, a mi marido no le gusta pasear a Perenganito (claro que no, ningún hombre en su sano juicio sacaría a pasear a una rata de ese tamaño, a menos que se quiera convertir en el hazmerreír de la cuadra)”. Esta variante suele tener tan maleducadas a sus mascotas que son ellas las que van caminando todo el tiempo tras el perrillo de marras y no al revés. Terminan literalmente persiguiendo al animal.
4. La sobreprotectora. Suelen ser señoras de la tercera edad que creen que cualquier otro perro (o niño) quiere hacerle algo a su perrito faldero. Lo que hacen normalmente es levantarlos cuando alguien se acerca.
5. El yosíséeducaralosperros. Nunca falta el mamila que, sin que le hayas preguntado nada, te dice cómo debes educar y llevar al perro. Un veterinario me decía “debes tomar la correa así (con ambas manos, pero separadas como 30 cm), corta y el perro debe ir de tu lado izquierdo (o derecho, vale madres); tú le debes marcar el paso”. Charros, como si en lugar de perro tuviera un robot o una especie de mascota militar; para empezar a mí no me gustaba llevar a Alubia con la correa, sí la traía conmigo pero sólo la amarraba en caso de emergencia. El chiste de sacarla a pasear era que caminara a su libre albedrío.

Son los tipos que se me ocurren hasta ahora, pero lo que tienen en común es cómo todos viven para su maldito perro, incluso me tocó ver a personas que llevaban más cuidados a los perros que a sus hijos, no puedo concebir cómo el dueño del perro se puede poner a platicar horas con otro cuando yo en muchas ocasiones (sobre todo en las noches), salía con la esperanza de que la perra cagara rápido para poder regresar a mi casa a dormir.
En realidad, no soporté el contacto con los amantes de los perros porque yo no puedo hacer que mi vida gire en torno a una mascota. Ya no hablemos de aquellos riquillos que viven para darles tratamientos de belleza, spas, los lleven a convenciones o hasta les den valium para que no se agiten (caso real, de oídas al menos). No cabe duda que entre más conozco a los hombres, más quiero a mi perro.

Ya Alubia, termina de una maldita vez, carajo.

miércoles, 4 de febrero de 2009

La tele que merecemos

Soy una compañía televisora y soy bien lista. Hace poco, los del Instituto Federal Electoral decretaron que no nos van a pagar sus anuncios que, por ley, estamos obligadas las otras compañías y yo a transmitir. ¿Pueden creer? Tenemos que transmitirlos ¡gratis!

Pero yo soy una televisora bien lista. Lo que hago para protestar es interrumpir los eventos televisivos, como el Super Tazón o el Oscar con bloques de esos estúpidos anuncios. Voy a lograr que mis espectadores, de cuyo número alto dependo para poder tener anuncios en horario triple A y poder obtener mis ganancias, le cambien a otro canal o le apaguen a la tele. Pude haber mejor hecho un bloque con esos anuncios del IFE y transmitirlos a las 3 de la mañana, para fastidiarlos a ellos en lugar de a mis televidentes, pero decidí seguir con mi berrinche.

De veras, soy una televisora rete bien inteligente.



Espera, creo que todavía queda algo allá abajo.

lunes, 2 de febrero de 2009

Mi coqueteo con Playboy

Oh sí, ya caí en el viejo truco de rescatar textos pasados para el blog. Sucede que mi intención original era la de no postear nada este fin de semana (así daré tiempo de que alguien más cuente que insulto de película le gusta más, me dije). Pero luego pensé que sería un desperdicio no escribir nada en medio de un fin de semana de tres días, sin embargo, después de mucho pensar me di cuenta de que no se me ocurría nada, así que aquí está la breve historia de este texto.
Hace algunos años, quise entrar al equipo de colaboradores de la revista Playboy, para ello mi propuesta fue la de una columna humorística, tratando de que fuera dirigida al público masculino. Por supuesto, como suele suceder en estos casos, y otros colegas no me dejarán mentir, entregué la que sería la primera columna, me dijeron que estaba muy bien, que sí se iba a publicar y hasta la fecha sigo esperando que se publique (por supuesto, mi mujer no se tragó el cuento de que tenía que comprar la Playboy para ver si ya la habían publicado). Así que aquí está la primera entrega, por supuesto que quien habla en ella , no soy yo sino un personaje ficticio:

Cuando era adolescente, quedé embelesado por las películas de Mauricio Garcés; a mis tiernos quince años decidí que ése era mi role model a seguir, ése era el tipo de vida que yo tendría cuando me emancipara de mis papás y viviera en mi propio departamento.
Claro, siempre he sido un fanático del cine, y por lo tanto hubo otros modelos que apelaron a mi sentido de
wannabe, como James Bond, por ejemplo. La vida de lujo, ¡las mujeres que conseguía!, y el hecho de que fuera experto en armas y en todo tipo de defensa le llegan a cualquiera. Lo malo es que si ésa era la parte del personaje a la que nunca tendría acceso, ya no hablemos de misiones internacionales para salvar al mundo libre o de autos que se vuelven submarinos.

Ni hablar, lo terrenal, lo que estaba al alcance de mi mano, era llevar una vida al estilo del maestro Garcés. Vivir en una fastuosa casa, con un fiel Luis Manuel Pelayo que se encargaría de las mundanas labores del hogar y de llevar mi agenda, la cual tendría cada día una voluptuosa Zulma Faiad (o alguien por el estilo) con la cual pernoctar “y otras cosas”.
Desgraciadamente, al llegar el momento de abandonar el hogar familiar, recibí mis primeras cachetadas de realidad, ya que mi presupuesto no me permitiría tener mi propia mansión en las Lomas, sino apenas un modesto departamentillo en la Agrícola Oriental con amplia estancia (o sea cocina y sala en una sola pieza), y una habitación con baño y vista a una azotehuela ajena.
Y qué esperanzas de tener un mayordomo Sócrates; ni siquiera podía costear a una ñora (que era conocida de la portera) que hiciera la limpieza del departamento una vez por semana.
El vivir publicando artículos y reseñas en oscuras secciones culturales de distintos medios, no me daba el roce social que yo necesitaba para ser invitado a eventos como cócteles, desfiles de moda y demás sofisticados lugares en donde podría conocer a mujeres como las que se ligaba el buen Mauricio; cuando mucho compañeras reporteras y estudiantes de arte y/o comunicaciones que en realidad iban a esos actos por el trago gratis. Aún así, si un encuentro de ésos hubiera podido tener el glamour de los de “Espérame en Siberia, vida mía”; éste se disipaba en cuanto llegábamos al umbral fodongo de mi casa.
Pronto me di cuenta de que el soltero real tiene que lidiar con la limpieza de su casa, mantenimiento, pago de la luz, gas, teléfono; compras en el supermercado. Por cierto, entre todas esas actividades tenía que encontrar un tiempito para escribir, de lo contrario no podría sostenerme. Después de todo ello, ¿quién va a tener energías de fantasear siquiera con seducir mujeres? Todo lo que quiere uno es dormir por espacios que duren más de cuatro horas.

La lección de esto es que uno no puede aspirar a vivir como en el cine, ni siquiera como en las películas mexicanas. Por último, un elemento más de realidad: la vida de stress me ha llenado de canas prematuras, al principio pensé que esto por fin me ayudaría a ser como el zorro plateado. Pero tonto de mí, para empezar tengo canas en toda la cabeza menos en las sienes, y Garcés debe ser el único canoso en el planeta que puede atraer mujeres. En mi caso es más bien al revés y la verdad es que no me atrevo a entrarle a los tintes; ya saben, los químicos.
Sólo me queda disfrutar de un vaso de Ron Raúl (no me alcanza para el coñac) de vez en cuando mientras veo una película de Mauricio Garcés en algún canal de TV para desvelados.

Me vi tentado a hacer algunas correcciones, pero la copié tal cual estaba. Ya me despido, pero antes dejo una de mis frases preferidas del viejo Mauricio: “Chicas, les traigo una excelente noticia: Ya llegué”.