jueves, 16 de abril de 2015

Eso o la insoportable levedad de flotar


En muchos círculos intelectualoides se considera a Stephen King como un autor “de best-sellers”; peor aún, “de terror”. Así, con esas comillas despectivas. Y claro, algunas adaptaciones cinematográficas de sus libros no han ayudado a mejorar su imagen.
En fin, esos calificativos injustos no puede haberlos acuñado más que alguien que jamás lo ha leído.
Por supuesto, Stephen King sí es un autor de terror, pero él escribe sobre el miedo que va más allá del provocado por un monstruo o un espectro (que sí los hay).
Distintas ediciones de Eso.
En su libro Eso (It), que quien esto escribe descubrió de forma tardía en su vida, el verdadero terror no está en el terrible payaso de Derry, ni en el Hombre lobo, ni en un putrefacto leproso. El terror se arraiga en lo más profundo del sueño norteamericano: en la ignorancia, la mojigatería, la violencia intrafamiliar, el abandono a los niños. Todos estos elementos, y muchos más, con los cuales King creció y vio de primera mano, dan como resultado el surgimiento de un ente que, en el clímax del libro, resulta tener claras influencias de H. P. Lovecraft.
En el pueblo de Derry ha habido asesinatos de niños desde tiempos inmemoriales, el culpable parece ser una especie de “payaso vampiro”, pero nadie se da cuenta. Ninguna persona, especialmente aquellos que han vivido en el pueblo toda su vida, es capaz de ver que, aún con pruebas documentales y por lo menos desde la Guerra Civil, el mismo payaso se aparece cada vez que hay un hecho especialmente violento en Derry. Que hay un ciclo de asesinatos de infantes que dura un año y medio cada 25 o 27 años y que siempre está el payaso ahí.
De manera magistral, King nos lleva a distintas épocas, ya sea para darnos la historia de la violencia en Derry, ya para mostrarnos el último y penúltimo ciclo de la muerte del payaso Pennywise, estos últimos a través de los ojos de los siete protagonistas y su enfrentamiento con el monstruo durante su niñez y 27 años después. Empero, King no hace un relato lineal, intercala a la perfección cada tiempo de la historia para conseguir sumirnos en un muy placentero terror.
King tiene la particularidad de mirar en el lado oscuro del sueño norteamericano, que es en donde los monstruos y otros terrores indecibles encuentran un perfecto caldo de cultivo. De ahí surgen los espeluznantes monstruos que pueblan sus historias.