Hace un par de años conocí a una de las faunas más ¿peligrosas? del género humano: los propietarios de perros. Mi familia y yo solíamos sacar a pasear a nuestra mascota unas tres veces al día, en muchas ocasiones yo lo hacía sólo. Aprovechaba esos momentos para pensar y en ocasiones me divertía viendo lo que hacía la perra
Alubia, que era bastante bruta aunque tenía su carisma (ya contaré su historia completa en otro momento).
El caso es que al sacarla a pasear no me imaginé que iba a entrar en contacto con otros dueños de perros que viven por mi casa, que también es la de ustedes. Podríamos dividirlos en varias categorías:
1. El machín. Normalmente es un individuo que saca a pasear a un perrazo que se ve más fuerte que él, atado con arnés y toda la cosa. Cuando dicho animalón se acercaba a mi mascota (o viceversa) solían decir con risita irónica y cara de autosuficiencia “¿Es perrita, verdad?” Suelen basar su poderío económico o de dominio según es el tamaño del perro y su pene (el del perro, no el de ellos).
2. Los sociables. Pueden ser de cualquier sexo y edad, normalmente llegan a ti con su perro y pretenden saber cómo se llama el tuyo, qué le das de comer, etc. Acto seguido viene una retahíla de consejos que van desde lo que le puedes dar de comer (un huevo diario, en serio), hasta cómo cuidarle el cabello, anécdotas de su perro, etc. etc. Hay una línea muy delgada entre esta categoría y la que le sigue.
3. Las cursis. Mujeres de edad madura pa’arriba que tienen perritos falderos maleducados. Había uno en especial que cuando se topaba con
Alubia no cesaba de acosarla en actitud jareosa, mientras tanto su dueña me bombardeaba con: “Ay, tu perra es su novia”, “¿Qué bonito, no?” “Ay, a mi marido no le gusta pasear a Perenganito (claro que no, ningún hombre en su sano juicio sacaría a pasear a una rata de ese tamaño, a menos que se quiera convertir en el hazmerreír de la cuadra)”. Esta variante suele tener tan maleducadas a sus mascotas que son ellas las que van caminando todo el tiempo tras el perrillo de marras y no al revés. Terminan literalmente persiguiendo al animal.
4. La sobreprotectora. Suelen ser señoras de la tercera edad que creen que cualquier otro perro (o niño) quiere hacerle algo a su perrito faldero. Lo que hacen normalmente es levantarlos cuando alguien se acerca.
5. El yosíséeducaralosperros. Nunca falta el mamila que, sin que le hayas preguntado nada, te dice cómo debes educar y llevar al perro. Un veterinario me decía “debes tomar la correa así (con ambas manos, pero separadas como 30 cm), corta y el perro debe ir de tu lado izquierdo (o derecho, vale madres); tú le debes marcar el paso”. Charros, como si en lugar de perro tuviera un robot o una especie de mascota militar; para empezar a mí no me gustaba llevar a
Alubia con la correa, sí la traía conmigo pero sólo la amarraba en caso de emergencia. El chiste de sacarla a pasear era que caminara a su libre albedrío.
Son los tipos que se me ocurren hasta ahora, pero lo que tienen en común es cómo todos viven para su maldito perro, incluso me tocó ver a personas que llevaban más cuidados a los perros que a sus hijos, no puedo concebir cómo el dueño del perro se puede poner a platicar horas con otro cuando yo en muchas ocasiones (sobre todo en las noches), salía con la esperanza de que la perra cagara rápido para poder regresar a mi casa a dormir.
En realidad, no soporté el contacto con los amantes de los perros porque yo no puedo hacer que mi vida gire en torno a una mascota. Ya no hablemos de aquellos riquillos que viven para darles tratamientos de belleza, spas, los lleven a convenciones o hasta les den valium para que no se agiten (caso real, de oídas al menos). No cabe duda que entre más conozco a los hombres, más quiero a mi perro.
Ya Alubia
, termina de una maldita vez, carajo.